Normalmente el embarazo es un momento de alegría y ternura. Pero también suelen surgir emociones contradictorias de dudas y miedos. Pues bien, esto puede agravarse cuando nuestro/a bebé se adelanta. Lo primero, decir que hoy en día esto no tiene por qué ser un problema. La neonatología es una de las especialidades que más ha avanzado en los últimos años.

Según la edad gestacional del bebé, se considera prematuro cuando esta edad es inferior a 37 semanas. Dentro de esta prematuridad, puede ser moderada (32-36 semanas), extrema (28-31) o muy extrema (inferior a las 28 semanas)

En segundo lugar, cuando el bebé nace entre la semana 37 y la 41, se considera a término. Y también puede darse que el niño o la niña nazcan a partir de la semana 42; entonces se conoce como postérmico.

El nacimiento prematuro puede deberse a múltiples causas: vasculares, infecciosas, enfermedad materna, gestación múltiple, stress laboral, tóxicos como tabaco o drogas, anemia de la madre, etc. También puede darse que no haya ninguna causa o explicación conocida.

Cuando nuestro/a bebé es prematuro,  lo más recomendable es la lactancia materna y a demanda. Ya hablaremos en otra ocasión de las grandes ventajas de esto, pero de forma general, sabemos que la leche materna estimula los sistemas enzimáticos y  metabólicos. Además, es el órgano inmunológico de transición, pues va estimulando y moldeando el desarrollo neurológico del recién nacido. La leche fomenta un mayor desarrollo cerebral y sensorial, esto es de suma importancia en los prematuros con bajo peso. Esta lactancia siempre se puede completar con leche de fórmula, si fuera necesario. También existe lo que se llama nutrición parenteral que consiste en proporcionar nutrientes al bebé por vía placentaria.

En este tipo de niños/as es esencia comprobar su curva de crecimiento, valorando periódicamente el peso, la longitud y el perímetro craneal.

Cabe destacar que, en ocasiones, los niños prematuros pueden presentar patologías asociadas que pueden ser: respiratorias, neurológicas, digestivas, hematológicas, de crecimiento o crónicas. Pero no tiene por qué. El otro día estábamos leyendo en EFE Salud, que 1 de cada 13 nacimientos son prematuros, y la gran mayoría de estos, se igualan al desarrollo del resto de los niños/as, meses después.

Una vez explicada la parte más teórica y biológica, vamos a expandirnos un poco en la pedagógica, pues es la que más nos gusta y no menos importante que las demás:

En el momento del nacimiento, todos/as los/as niños/as experimentan un cambio enorme, pues pasan de un medio acuoso a un medio aéreo. A esto se le suma que en la tripita de mamá, todas las necesidades estaban cubiertas.

Desde las primeras horas, tu hijo/a está expectante a todo y tu modo de actuar será fundamental. Mira a tu bebé, háblale con amor y hazle todas las caricias que quieras. No olvidemos que acaba de pasar la experiencia del parto y que necesita el calor de mamá y/o papa.

El/la niño/a reconoce rápidamente a su madre y necesita estar piel con piel con ella. Para ello, quedaros sin ropa y coloca a tu bebé sobre la piel desnuda de tu pecho. Así, recordará el lugar en el que estaba hace un ratito, sintiéndose protegido y calmado.

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